Tener un animal en casa, ya sea un perro, un gato u otro, implica una responsabilidad, un compromiso, una dedicación, ya que el animal, además pasa a formar parte de la familia.


Las decisiones que nos pueden llevar a tener animales en casa pueden ser muy variadas. Hay quienes incluso ya tenían a sus animales antes de encontrar a su pareja y antes de tener a sus hijos, por lo que la relación ya viene de lejos.


Muchas veces, tanto si ya se tenía a los animales con anterioridad o si los incorporamos al ambiente familiar después de tener a nuestros hijos, como padres, siempre nos asalta la duda de si es lo más idóneo, de los posibles peligros que puede conllevar tener animales, evidentemente algunos más que otros, y de que estos compartan experiencias, techo con nuestros hijos. Incluso se habla de que hay razas de determinados animales más o menos apropiadas para relacionarse con los niños.


Sin embargo, los aspectos positivos de tener animales domésticos superan con creces los negativos (admito que siempre puede haber experiencias que contradigan esta afirmación: por diversas circunstancias que no son ahora el tema, no somos todos iguales de buenos y nobles ¿no?). Por lo general, tener animales cuando tienes niños aporta vibraciones positivas a toda la familia. Hay estudios reconocidos que hablan del poder tranquilizador, calmante, de equilibrio que supone acariciar a un perro o a un gato; especialmente estos últimos parecen absorber las energías negativas, el nerviosismo y estrés del día a día en los adultos; mejoran los síntomas de los niños hiperactivos, la timidez, los miedos de los niños, por ejemplo. Oir y sentir el ronroneo de un gato es muy placentero y realmente tranquiliza e infunde una paz interior casi de un modo instantáneo.

UN ANIMAL EN CASA: EDUCAR EN EL RESPETO Y LA RESPONSABILIDAD


Tener animales también enseña a nuestros hijos la responsabilidad de cuidar y proteger a los que queremos y dependen de nosotros: darles alimento, sacarles a pasear, mantenerles limpios y sanos, llevarles al veterinario, la importancia de jugar con ellos… y les muestra cómo las rutinas y las pautas que, de algún modo los adultos también introducimos a la hora de educar y relacionarnos con nuestros hijos, son básicas para la seguridad y el bienestar de los animales. La relación que se establece entre los niños y sus animales es muy especial; quién, habiendo tenido animales en su infancia no tiene un recuerdo feliz y nostálgico, casi idílico de aquella relación tan particular, tan especial.

Por supuesto, también hay que enseñar a nuestros hijos a que entiendan que el comportamiento de los animales puede ser totalmente imprevisible. Por eso, siempre desde la cautela, informando y nunca haciéndolo desde el miedo hay que enseñarles que:

  • no es lo mismo el perro o gato que tenemos en casa, que el del vecino o el que está en la calle, por muy simpático que nos parezca.

  • que si el perro o el gato parece nervioso e inquieto, seguramente prefiera estar solo, y que ya jugará más tarde con ellos. También necesitan su espacio y hay que aprender a respetarlo.

  • Vigilar que los más pequeños no se queden solos con los animales, y que sin querer en los movimientos un tanto bruscos y patosos de los niños pequeños puedan hacer daño al animal; los animales reaccionan defendiéndose por instinto.

  • Mostrarles el cariño que nosotros, como adultos, sentimos por los animales en general y hacia nuestro animal en particular, para que también así fomenten y creen un lazo de cariño y respeto hacia los animales.

  • Hay que enseñarles a responsabilizarse de su animal: darle de comer, lavarle, sacarle a pasear, que hay que limpiar las caquitas cívicamente cuando estamos en la calle, que nos acompañe al veterinario…

  • Prepararles para el momento en el que el animal no esté ya más en la familia. Siempre desde el lado más positivo y tranquilizador para los niños, quienes notarán su falta.


Seguramente, siguiendo estas pautas mínimas y dándose las condiciones adecuadas, nuestros hijos podrán convivir y disfrutar de todo lo positivo que los animales aportan en nuestras vidas.


En cualquier caso, aunque los padres no opten por tener un animal en casa, sí es importante que inculquen en sus hijos el respeto y el cariño hacia los animales, como parte de nuestro entorno y nuestra vida.

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